Despertar al feminismo bajo protesta

Por Sira

Quería tomar el micrófono y gritar, "yo aborté", quizá ese grito aminorara un poco el dolor de sentirme señalada como una "mala mujer" ante la sociedad, quizá ustedes si me comprendieran porque todas estábamos en la Plaza de la Nueva Tlaxcala por una razón, por el derecho a elegir sobre nuestros cuerpos, por el derecho a desear ser o no ser madres.

Esa tarde entre pañuelos verdes y las consignas para despenalizar el aborto en Coahuila, me sentí segura, no me equivoqué, porque nuevos feminismos brotan en la ciudad, con ideales más firmes que aquella vez cuando yo tomé la decisión de no ser mamá.

El 8A sirvió de experiencia, para las mujeres que aún estamos en deconstrucción, a mí me dio la fuerza para visibilizar mi opción por el feminismo que en secreto y sin asumirlo se instaló en mi vida desde hace algunos años, aunque me negaba a aceptarlo por temor a ser etiquetada.

El día del Pañuelazo nos sentimos fuertes, éramos unas cincuenta mujeres de todas las edades reunidas, así que cuando las compañeras de la Ciudad de México se atrevieron a protestar por las adolescentes que fueron violadas por policías haciendo un llamamiento nacional, por el #NoMe CuidanMeViolan ya nada nos podía detener.

Las movilizaciones del viernes 16 de agosto, que polarizaron las opiniones de los mexicanos tachando a las feministas de "Vándalas" y "feminazis", sirvieron para que la sociedad y las "autoridades" se dieran cuenta del hartazgo que tenemos las mujeres y hasta donde nos puede llevar el descontento por la violencia que día a día sufrimos.

En multitud nadie nos puede parar, en multitud también tomamos las calles de Saltillo, detuvimos el tráfico, hicimos una pinta, llenamos de polvos rosas, gritamos, cantamos, nos abrazamos, nos consolamos, sí, nos desbordamos, nos volvimos a unir en círculo para escuchar a la niña abusada por su abuelo, esa niña que ahora es una mujer y aun la obligan a saludar a su agresor, a la chica que entre lágrimas reveló que se siente sucia desde el día en que su ginecólogo la tocó de forma inapropiada, a Guadalupe pidiendo Justicia por su hermana Evangelina, cuyo feminicida sigue libre.

Y solo entonces cuando te atreves a escuchar activamente, entiendes que las mujeres que hoy forman parte de los grupos feministas emergentes en la ciudad no están ahí por casualidad o por ocurrencia, cada una tenemos una historia personal que nos ha hecho abrir los ojos y sentir empatía por la otra, porque necesitamos ser escuchadas y acompañadas. ¿Y saben qué? ese día no me quedé con las ganas, al fin pude gritar.