La memoria no tiene silencio

Por: Leticia Espinoza

Los desaparecidos existen mientras se nombran. Esta es la historia de una madre o una hermana que se asumen como familia de seres que no están. Beatriz Flores, es madre de José Antonio Ángeles Flores, Patricia Espinosa es hermana de Jorge Espinosa Salgado. Ambos, son el objeto de sus recuerdos. Su búsqueda representa la lucha involuntaria contra el olvido.

Su memoria no tiene silencio y entonces una banca en una plaza pública en medio de una ajetreada ciudad, o la intimidad del comedor de una casa se convierten en los sitios para recordar y contar, para nombrarse en los recuerdos de sus ausentes. El pasado de dos hombres que se quedaron sin voz, rostros que no han vuelto a ver.

"Él nace el 4 de septiembre del 81, bastante bien. Pasa sus primeros meses tranquilo, feliz, donde nos vino a llenar la vida de felicidad, a mí más porque es un ángel mijo" dice Beatriz Flores, madre de José Antonio.

Días después de haber cumplido su primer año de vida, en medio de la celebración del 15 de septiembre una paloma de pólvora explota sobre sus pies, el estruendo perfora sus nervios auditivos, y en ese momento dejó de escuchar. Él se comunicaba con su madre con las pocas palabras que él aprendió de bebé, después lo llevaron a una escuela especial donde estudió de primero a sexto grado. Ahí le enseñaron a hablar con señas, lenguaje que también su madre aprendió pero que poco a poco ha ido olvidando.

Beatriz es capaz de contar la historia de su hijo. Sin embargo, la madre de Jorge Espinosa Salgado murió sin saber que su hijo estaba desaparecido, una y otra vez Patricia, le ha pedido perdón por ocultárselo y es ella quien no ha dejado de buscarlo.

"Jorge es el cuarto de cinco hermanos, fue un niño hermoso e inteligente, cuando mi mamá está embarazada se le antojaba el hielo y nace mal de los bronquios, cuando le daban sus temperaturas se convulsionaba, entonces mi mamá en su desesperación lo llevó con un doctor y el doctor le recetó unas ampolletas y mi mamá no se percató que esas ampolletas podían ocasionar sordera, retraso mental incluso la muerte" relata Patricia Espinosa, hermana de Jorge.

Recuerda que alguna vez su papá los llevó a un pueblito a una fiesta, y mientras todos los niños se tapaban los oídos cuando tronaban los cuetes Jorge solo volteaba hacia el cielo. Le llamaban la atención las luces pero nunca le molestó el estruendo, ahí se dieron cuenta que tenía sordera, los médicos dijeron que no era profunda pero nunca pudo hablar.

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Madre y hermana, los evocan, hacen memoria, incluso recuerdan su voz, la voz que Jorge y José Antonio perdieron, la voz que los hizo ser parte de quienes viven en el silencio y hasta hoy son invisibles negándoles la oportunidad de laborar, aunque lo único que no puedan hacer es hablar.

Sin embargo, una madre reconoce las manos de su hijos entre muchas, cuando Beatriz estaba descuidada su hijo llegaba y le tapaba los ojos, no necesitaba escucharlo sabía quién era, porque incluso hoy puede recordar su voz: "Para mí es una voz muy dulce, llena de amor, has oído hablar a los ángeles, él tenía una voz ni muy gruesa ni muy delgada, una voz para mí muy hermosa, qué te puedo decir, que cada que lo recuerdo digo: ¿dónde estás?".

Jose Antonio aprendió carpintería y poco a poco salió adelante, pero su vida cambió, Beatriz no supo en qué momento empezó a alejarse de su casa, para vender objetos junto con su pareja.

"Se iban por temporadas, dos tres meses y ya regresaba pero siempre teníamos la comunicación por celular vía mensajes yo le decía regrésate andas muy lejos. Yo sí sentía ese temor en que el saliera a otros estados a trabajar porque luego llegaba golpeado, y luego le decía que te pasó y me decía que él estaba trabajando, que llegaban los policías y le quitaban su dinero, su mercancía y lo golpeaban" cuenta.

Jorge aunque estudiaba Ingeniería en Sistemas, y marcado por la discriminación laboral, eligió vender mercancías en el transporte público y en los cruceros. Se había cansado de ver como las puertas de la estabilidad laboral se le cerraban.

"A él lo invitan a irse a trabajar, andar vendiendo mercancía, hacían paquetes de plumas, o imágenes con calendarios o libretas y todo eso, es cuando sus amigos lo invita vender en el comercio ambulante, al principio él estaba en Ciudad de México pero se hizo una comunidad de sordos muy grande y estaba muy saturado, a los cinco los vuelven a invitar a irse a provincia a vender" cuenta Patricia.

Jorge se fue buscando recursos para mantener su familia, su esposa y tres hijos. Una hija y un hijo que lo extrañan y una pequeña más que ha crecido sin conocerlo.

"Es un buen padre, es un buen esposo, es muy responsable, él siempre tenía hambre de salir adelante su discapacidad no le impedía, llegó a irse hasta Guatemala, el súper aventurero, porque por el hambre de salir adelante" dice Patricia.

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Jorge Espinosa Salgado, José Antonio Ángeles Flores, desaparecieron una tarde del 23 de febrero del 2012 en un crucero ubicado en la Avenida Román Cepeda y el Bulevard República, en la Colonia 24 de Agosto, en Piedras Negras, Coahuila. La última vez que se les vio iban acompañados de José Luis Vallejo Rodríguez, Manuel Adrián González Mancera y José Martin Morales Galván. Un boletín oficial que circuló hace siete años junto con sus fotografías informó que se los llevaron personas armadas y encapuchadas.

En ese boletín describen a Jorge y José Antonio con el último recuerdo que tenían sus familias hace siete años. Jorge tenía 35 años, entonces era un hombre de 1.65 metros de altura, de complexión robusta y tez morena; cara ovalada, frente grande, boca mediana, cejas sinuosas y escasas, ojos medianos color café oscuro, nariz chata, labios gruesos; cabello rapado pero que cuando le crecía era ondulado y castaño obscuro. Solo olvidaron decir que llevaba varios tatuajes. 

A José Antonio Ángeles Flores se le describió como un hombre de 30 años, alto, de 1.70 metros, tez morena clara, cabello castaño y lacio, de nariz recta, un lunar en el pómulo y como seña particular entonces le faltaba un diente frontal superior.

Beatriz ahora lleva la fotografía de José Antonio en una camiseta blanca cuando sale a marchar. En su prenda ya desgastada se alcanzan a distinguir los labios gruesos y la mirada del hijo que aún no encuentra. La tragedia de ese febrero unió en el dolor a Beatriz y Patricia, unió a cinco familias para buscar a sus cinco desparecidos.

Ella dio cuenta de que su hijo había viajado a Piedras Negras Coahuila porque era vísperas del cumpleaños de su papá, y no habían tenido comunicación con él.

"Mi esposo me dice: mira deja me comunico con él. Y se comunicó y todo, dijo que estaba bien, pero cuando ya cortaron comunicación, me dice oye fíjate que tu hijo anda hasta Piedras Negras, Coahuila, ¿y qué anda haciendo hasta allá? pues que se fue a trabajar, -pues qué raro porque él me dijo que iba a San Luis Potosí, pero nunca fue para decirle háblale dile que se regrese porque está muy lejos, pero si me sentía yo con esa desesperación, lo único que dije que Dios lo bendiga y Dios lo ayude, en eso me empezó a platicar su papá que le dijo: -tú no te preocupes, yo 6 de marzo, tu cumpleaños, tu pastel- porque nunca se perdía un cumpleaños mío o de sus hermanos o su papá".

Esa noche del 23 de febrero Beatriz casi no durmió, se sentía desesperada, incluso lloró, aunque no imaginaba que estaba por enfrentarse a una mala noticia. El 26 de febrero de 2012, recibe la llamada de Patricia, le pregunta sí es madre de José Antonio, y le cuenta que a su hijo y a su hermano los secuestraron junto con sus compañeros en Piedras Negras.

Ahí empezó el largo caminar de Beatriz por las instituciones para localizar a José Antonio y el grupo de los cinco. Hubo negativas de búsqueda en la Ciudad de México porque según las autoridades el caso no estaba en su jurisdicción. Promesas de recursos para que las familias acudieran hasta Coahuila a buscarlos, hasta que por fin encontraron refugio en  la Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila. FUNDEC.

El caso de Jorge y José Antonio fue unos de los primeros que recibió el Centro Diocesano de Derechos Humanos Fray Juan De Larios quien camina junto con FUNDEC, acompañando a decenas de víctimas.

Los cinco hombres sordos desparecieron en un momento en el que se registraron otros casos de grupos de comerciantes que venían del centro del país y en su paso por Coahuila no se supo más de ellos. Los defensores de derechos humanos que los acompañan piensan que Jorge y José Antonio fueron reclutados para fines de trata laboral por parte de uno de los llamados "carteles" que operaban en la entidad.

Pese a las hipótesis y el peligro que hasta hoy corren los cinco, las acciones de las procuradurías de justicia tanto de la Ciudad de México como de Coahuila han sido nulas para encontrar al grupo así como a más de 36 mil personas que están desaparecidas en México, obligando a las familias a organizarse y buscarlos por sus propios medios.

"El MP en Saltillo no estoy muy a gusto porque vemos todo los que tienen ellos, y nosotros lo hemos investigado, el caso también se lleva en la ciudad de México ya que en la Ciudad de México en un principio teníamos el caso por Scrapa, ya tenían las declaraciones porque hay mucha gente involucrada en la desaparición de mi hermano y de sus amigos, y preguntábamos -ya tienen la declaración- no trabajaban en conjunto, aquí tenía más avance que allá, nos han cambiado tres veces al Ministerio Público, son cambios que nos afectan, nos convertimos en investigadores por la necesidad de encontrar a nuestros desaparecidos", cuenta Patricia.

Entre las múltiples pistas que ha seguido para encontrar a su hermano menciona que una persona les dijo que habían visto a Jorge en Ciudad Juárez en calidad de indigente: "fue una avistamiento, yo me moví con el MP de ciudad de México nos fuimos a Ciudad Juárez, empezamos peinar la zona, fue muy temprano, el tiempo, la hora que llegamos, después yo me vine muy enojada con la licenciada de la fiscalía porque yo le dije -si mi hermano está como indigente va buscar donde le puedan dar comida, si tú me traes a las siete y a las nueve nos vamos, no vamos a encontrar nada, yo iba con la esperanza de encontrarlo y traérmelo, no nada más a él".

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En la búsqueda de la verdad, la familia de los cinco ha recibido infinidad de pistas y noticias falsas de su paradero, el corazón se ha cubierto con una coraza para sobreponerse cuando les dicen que están muertos, aunque no existe un cadáver que se los compruebe.

Durante años quienes desaparecieron a Jorge y José Antonio han tratado de anular su existencia completa, sin embargo, la historia y la memoria de los cinco permanece en Beatriz y Patricia, madre y hermana, quienes siguen buscándolos pese a que la esperanza de encontrarlos se diluya en el pensamiento de las mismas personas que las rodean.

La primera vez que a Patricia le dijeron que habían encontrado restos óseos que coincidían con el ADN de su hermano en una fosa en Michoacán, ella se derrumbó, después de volver a corroborar le dijeron que no era Jorge, y hasta ahora no hay certezas: "Me puedes entregar mil huesos pero compruébame que son de mi hermano, ya la segunda vez, ya no lo crees. Dijeron que supuestamente los destazaron, los incineraron y las cenizas las fueron a tirar a un río y fue mentira. Como siempre lo hemos dicho en la asociación: Vivos se los llevaron vivos los queremos, y así los buscamos los buscamos en vida y yo sé que los vamos a encontrar".

Desgastada física y mentalmente, Patricia no pude comprender a los perpetradores de las desapariciones forzadas dice que no saben el daño que cusan a las familias de los desaparecidos, su madre falleció sin volver a ver a su hijo y su padre aún no sabe que está desaparecido, le han dicho que se fue a Estados Unidos. Son éstas mentiras, esta falta de verdad lo que ha provocado que como familia se estén separando pues mientras algunos familiares le dicen a Patricia que deje de buscar, porque Jorge nunca aparecerá, ella está convencida de que hasta el último suspiro lo usará para buscar al que siempre será su hermano pequeño.

La situación de Beatriz no es muy diferente a la que atraviesa Patricia, sus vidas parecen espejos, desde la desaparición de su hijo José Antonio, al principio tuvo apoyo moral de su familia pero conforme a pasado el tiempo lo han ido olvidando, su madre es la única que la entiende, que la reconforta porque está consiente de cómo ha luchado con o sin las autoridades para encontrar a su hijo, un hijo que en sueños le habla:

"Yo como madre te puedo decir mi hijo está vivo, pero también pude caber la posibilidad que las fosas que se están encontrando dígase Piedras Negras, Tamaulipas, Guerrero, Veracruz puede estar ahí, pero donde está el gobierno para ir a sacar todos esos cuerpos. Pero yo he soñado que mi hijo me habla, que me dice no te dejes caer mamá, tarde o temprano yo voy a estar contigo, yo lo he soñado vivo. Yo he soñado a mi hijo donde me ha dicho mama calma, tranquila, yo bien".